Acerca de la Bauhaus y el Movimiento Moderno

Arq. Ingrid Pulido M.A

Alemania celebra este año, el centenario de la fundación de la Bauhaus y nuestra relación con el Modernismo es aún compleja. El modernismo, al igual que muchos “ismos” debería ser algo muy fácil de definir, ya que su significado engloba un gran movimiento del siglo XX que abarca arte, arquitectura, diseño, literatura, y es el parte-aguas de una cultura entera. 

Convivimos con su legado de forma material e intelectual de manera cotidiana, de hecho las ciudades donde vivimos fueron en su mayoría marcadas por el modernismo. Los espacios que habitamos, las sillas que usamos, el diseño gráfico que nos rodea, todo fue creado por la ideología del diseño moderno. Vivimos en una era que se define a sí misma en términos del modernismo, como post-moderna o incluso post-post-moderna. Simplemente no es posible vivir en la ignorancia de esta poderosa fuerza que creó toda la cultura visual del siglo XX.

“Modernismo” es un termino muy utilizado, pero raramente definido. 

En 1930 el modernismo se convirtió en un estilo, que identificaba al diseño innovador y fresco basado en las formas abstractas,  y el uso de materiales industriales. En 1932,  la exhibición “Arquitectura Moderna” del Museo de Arte Moderno de Nueva York, es acompañada de una publicación que se titula “El Estilo Internacional”, y es a través de ésta publicación que se analiza por vez primera el sentido cosmopolita y extra-territorial de este movimiento. 

Los diseñadores y artistas modernos viajaban constantemente entre las capitales Europeas y algunas veces a Nueva York y Los Angeles. Algunos viajaban por razones de persecución política (como algunos Húngaros en 1919) o por la falta de oportunidad en sus países, mientras otros eran atraídos por la dinámica de la actividad artística en Berlín o París. Durante el aumento del Fascismo en Europa, muchos emigran a Estados Unidos y a Palestina (que se encontraba bajo el régimen Británico), Sudamérica y el Sur de África. Modernistas como Ludwig Mies Van del Rohe estaban en lo cierto al afirmar que su trabajo no era solamente “un fenómeno del espíritu de la época y del lugar sino parte de un movimiento que se está despertando en todo el mundo”. 

La opción de considerar como el comienzo del modernismo en 1919 no sugiere que el modernismo no haya existido anteriormente, incluso antes de la Primera Guerra Mundial. El cubismo sintético podría ser considerado como Modernista (siguiendo algunas definiciones de autores como Clement Greenberg), y existía también arquitectura por Antonio Sant’Elia y Walter Gropius antes de la guerra que podría fácilmente ser considerada como Modernista. Sin embargo, el modernismo del “mundo diseñado” no existía de una forma desarrollada hasta después de la primera guerra mundial. Incluso los traumas de la guerra fueron cruciales para incitar al modernismo a la utopía y consecuentemente a la forma que tomó la estética durante 1920.

En años recientes han existido muchas  publicaciones y filósofos que han cuestionado el significado de la “modernidad” y la relación de éste significado con el movimiento en sí: “Modernidad” es tradicionalmente usado como un término muy amplio. Ha sido descrito por Jürgen Habermas como “el proyecto consciente formulado en el siglo 18 por los filósofos de la Ilustración, para desarrollar la ciencia objetiva, la moral universal y la ley, (……) y el arte autónomo de acuerdo a su lógica interna……para la organización racional de la vida social (…)”

Exhibiciones y publicaciones del modernismo tienden a la confrontación. El movimiento es difícil de entender, porque nos exige reflexionar en su utopía: la idealización y la imagen de la máquina, la cultura del cuerpo sano, así como estudiar las consideraciones bajo las cuales el modernismo entra en el mercado de las masas. 

El legado del modernismo en el mundo del diseño es muy complejo también. Los ataques al modernismo y sus fundamentos teóricos en 1960 se aseguraron de que al menos para algunos, no podría ser ya considerado como un movimiento vigente.

 La crítica tomó la forma de textos como La vida y la Muerte de las Grandes Ciudades Americanas de Jane Jacob (NY 1961), Complexity and contradiction in Modern Architecture de Robert Venturi en 1966; así como el trabajo de diseñadores y arquitectos Post-modernos que a través de su lenguaje visual  han formulado su postura en contra de los postulados modernos. Dentro de estas críticas se encuentra la que sostiene que el modernismo estaba basado en el argumento o la idea de que los individuos querían divorciarse del pasado histórico, y al hacerlo, perdieron toda conexión con tradiciones sociales y estéticas que daban placer y confort físico e intelectual así como un sentido del lugar. Los críticos argumentan que al concentrar la idea de una revolución social, el modernismo estaba condenado a discriminar algunos segmentos de la población cuyos puntos de vista no pudieron nunca ser vislumbrados. 

Esto contribuyó a crear una atmósfera en donde todo lo que tenga que ver con el proyecto moderno se analiza ahora con sospecha. 

La verdad es que pocos han sido capaces de reflexionar acerca del contexto histórico el cual  nos indica que en Rusia, Alemania, Checoslovaquia y Los Estados Unidos existía una expansión del pensamiento utópico (sobre todo durante el colapso económico de 1929). La creencia en la posibilidad de un mejor futuro, y la aceptación de la Tecnología como un medio capaz de lograr éste sueño. La tecnología era el medio para llevarnos a un mundo mejor, lo cual no podría estar mas peleado con nuestras creencias hoy en día. 

Por muy ingenuo que nos parezca ahora este pensamiento surgido después de la primera guerra mundial, es crucial recordar que los modernistas creían sincera y apasionadamente en que el diseño basado en las ideas y la tecnología de la industrialización podían resolver todos los problemas de la vida diaria. 

Los modernistas eran parte de una cruzada activa y auténtica comprometida a cambiar el mundo y convertirlo en un mejor lugar para vivir, ellos querían crear una sociedad más justa para alojar -o realojar después de la guerra- grandes sectores de la sociedad, y para crear espacios y atmósferas que fueran expresiones visibles de esas creencias. 

Por supuesto que existían debates acerca de qué tanto la tecnología y la máquina debían guiar o regir el aspecto del diseño y del arte, pero había unanimidad en la creencia de que la tecnología era la respuesta a todas esas ideas.

En una sociedad que ha sido testigo de catástrofes causadas por la tecnología, un mundo que ha sido el testigo no solamente de Hiroshima sino también de Chernobyl, y que ve la clonación y la modificación genética con sospecha y hostilidad, tiene poca fe en ésta idea que regía el movimiento y en la cual la tecnología era la respuesta para mejorar al mundo.

Debido a los horrores de la primera guerra mundial, un gran segmento de la población en 1918 vislumbró una necesidad urgente de reforma, de revolución, para crear nuevas formas de justicia social y para aplicar la ciencia y la tecnología en todos los aspectos de la vida. Esto es lo que la mayoría de nosotros vemos ahora como extraño,  como ajeno a nuestra era.

Casi todos nosotros vivimos en una sociedad en la que la mayoría de la gente se resiste a creer en la idea  de que la tecnología sea un medio para mejorar la justicia social. Tampoco vemos la tecnología como un medio para aminorar las enfermedades en el mundo, y solemos ser escépticos de cualquier tipo de desarrollos o esquemas a grande escala para desarrollar vivienda, o para rediseñar nuestras ciudades.

El modernismo puede ser ahora, una cosa del pasado histórico, algunos podemos admirarlo por sus metas sociales y sus logros estéticos, mientras otros lo pueden considerar una fuerza malévola. Pero tratándose del mayor y más influyente movimiento artístico del siglo pasado, existe una necesidad prioritaria de conocer y entender sus intenciones y significado.

Sin hacer eso, no podremos nunca evaluar su legado.