La creación arquitectónica como metáfora de integridad: Ayn Rand, el objetivismo y su novela: “El Manantial” 

“Si acaso le debo algo a algún hombre, ese sería Aristóteles el padre del Individualismo y de la lógica, el primer y más grande racionalista, yo soy una aristotélica”

                                                                 Ayn Rand

¿Quién de nosotros mientras estudiábamos arquitectura no vio la película de “El Manantial”? Hoy quisiera agradecer a la autora de la novela y guionista de la película Ayn Rand.

 “ El Manantial” es una obra cinematográfica de 1949 en blanco y negro basada en la novela del mismo nombre. Se trata de una obra ficticia, que narra la historia de Howard Roark; un arquitecto apasionado por el modernismo y que lucha en la ciudad de Nueva York en contra del tradicionalismo y la burocracia. Roark es un diseñador incomprendido: lo expulsan de la academia, lo contratan para después cambiar radicalmente sus diseños, lo elogian, pero no le dan trabajo. A pesar de todo, no renuncia a sus principios estéticos, persiste en sus ideales, no cede ante las demandas de quienes quieren que diseñe de una forma mas tradicional e historicista

Su némesis, es un columnista periodístico encargado de criticar todos los detalles de sus diseños: lo acusa de inmoral y empedernido, de no diseñar de acuerdo al gusto de los clientes o la tendencia estética del momento. Durante la historia,  Roark es por fin llamado para diseñar y construir un gran proyecto habitacional. Sin embargo durante el proceso de construcción, el diseño original es alterado; y al enterarse, no duda en dinamitar los edificios en cuestión y Roark es entonces llevado a juicio. Es a través de los argumentos de Roark en dicho juicio que la autora de la novela nos abre una ventana a su filosofía: el objetivismo.

Ayn Rand (1905-1982) filósofa Rusa-Estadounidense:

“ La realidad existe como un absoluto objetivo, mi filosofía es, en esencia el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble y con la razón como su único absoluto”.

Su novela trata de demostrar entre muchas otras cosas, que el mundo progresa gracias a un grupo reducido de personas innovadoras los “prime movers” ( primun movens refiriéndose a la “causa primera” aristotélica) y que estos suelen ser frenados y criticados por el resto del mundo, sobre todo por aquellos que ella describe como “second handers” o subordinados cuyo objetivo es lograr el éxito aunque eso represente una traición a sí mismo, e incluso a las personas que más valoran. 

Howard Roark, entonces simboliza el triunfo del individuo que representa al espíritu humano, el individualismo y la integridad personal luchando con el tradicionalismo estancado, la subordinación y el clientelismo. Es la ciudad de Nueva York aquella que aparece en la novela como un emblema de esa lucha constante. El movimiento moderno, concebido como una utopía racionalista en la cual la congruencia, la lógica y el zietgeist deben imponerse sobre aquellos que obstaculizan el progreso:

«—Señor Janss, cuando usted compra un automóvil no quiere que tenga guirnaldas de rosas en las puertas, un león en cada guardabarro, o un ángel sentado en la capota. ¿Por qué no lo quiere?

—Eso sería estúpido —manifestó Janss.

—¿Por qué estúpido? Yo creo que sería hermoso. Además, Luis XIV tenía un coche así y lo que era bueno para Luis XIV debe ser bueno también para nosotros. Así no nos dedicaríamos a innovaciones imprudentes y no romperíamos la tradición.

—¡Usted sabe muy bien que no cree en nada de eso!

—Ya sé que yo no lo creo, pero eso es lo que usted cree, ¿no? Tome ahora el cuerpo humano. ¿Le gustaría ver un cuerpo humano con una cola rizada y plumas de avestruz en el extremo? ¿Y con orejas en forma de acanto? Sería ornamental, en lugar de la fealdad desnuda y severa que tenemos. Bien. ¿Por qué no le gusta la idea? Porque sería extraña e insustancial, porque la belleza del cuerpo humano es tal, que no tiene un solo músculo que no sirva a un propósito determinado, no hay una sola línea inútil; cada detalle obedece a una idea, la idea de un hombre y de su vida. ¿Me dirá usted que cuando se trata de un edificio lo quiere contemplar como si careciese de sentido o de propósito alguno, que lo quiere estrangular con adornos, que quiere sacrificar su propósito a su envoltura, no sabiendo siquiera para qué quiere semejante envoltura? ¿Quiere que parezca una bestia híbrida producida por el cruce de bastardos de diez especies diferentes hasta que obtenga una criatura sin intestinos, sin corazón ni cerebro, una criatura toda piel, cola, garras y plumas? ¿Por qué? Dígamelo, porque nunca he podido comprenderlo».

Cita de «El Manantial»

En otra parte del juicio, un decano le muestra una imagen del Partenón a Roark tratando de explicarle que eso representaba realmente la belleza y que era lógico que la gente pidiese diseños haciendo referencia a ese estilo, haciendo alusión al historicismo que imperaba como estilo arquitectónico:

  • Está bien. – Roark se levantó, cogió una regla larga de la mesa, caminó hacia el dibujo. – ¿Quiere que le diga qué está podrido al respecto?
  • ¡Es el Partenón! – dijo el Decano.
  • ¡Sí, por Dios, es el Partenón!

Mira, dijo Roark. Las famosas estrías en las famosas columnas – ¿Para qué sirven? Para ocultar las juntas de la madera – cuando las columnas se hacían de madera, solo que estas no lo son, estas son de mármol. Los triglifos, ¿qué son? Madera. Vigas de madera, la forma en que tenían que ser colocadas cuando las personas comenzaron a construir chozas de madera. Los Griegos usaron el mármol e hicieron copias de sus estructuras de madera, porque otros lo habían hecho así. A continuación sus maestros del Renacimiento llegaron y realizaron copias en yeso de copias en mármol de copias en madera. Ahora aquí estamos, haciendo copias en acero y hormigón de copias en yeso de copias en mármol de copias en madera. ¿Por qué?

Los argumentos de Roark sirven para ilustrar los pensamientos de Rand: “El ego del hombre es el manantial del progreso humano”. La supremacía y empuje personal que cada creador plasma en sus obras son ilustradas por Rand como virtudes. El Manantial, en un principio fue sumamente polémica y criticada (casi como un paralelismo de la historia misma),  pero con el tiempo comenzó a convertirse lentamente en una lectura de culto, actualmente se han vendido 6.5 millones de copias en todo el mundo. 

Gracias a Ayn Rand por dedicarle una novela tan espléndida a “la noble profesión de la arquitectura” por inyectarnos a través de ella de toda una filosofía de vida: “Vender tu alma es lo más fácil del mundo. Eso es lo que todos hacen, cada hora de su vida. Si yo te pidiese conservar tu alma…entenderías que eso es mucho más difícil?”

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