Casa y Memoria

Para Gastón Bachelard, la casa es ese primer lugar del mundo que habitamos y queda grabado en nuestra memoria. Al igual que todas las casas que vamos habitando a lo largo de nuestra vida. Todas ellas, incluyendo las que hemos anhelado y no habitamos aún, son una especie de universo contenido en nuestra mente y los arquitectos somos eso: “soñadores de casas y espacios urbanos” que dedicamos nuestra vida a aprender y desarrollar herramientas para materializar estos sueños a través del ejercicio creador de la evocación. 

“Memoria e imaginación no permiten que se las disocie. Una y otra trabajan en su profundización mutua, una y otra son una comunidad del recuerdo y de la imagen”. 

Cada espacio tiene su carácter, sus olores, sus texturas, colores y sombras, en la imaginación de un niño una casa es todo un universo, lleno de recovecos y espacios analizados y observados desde otra proporción humana, otra perspectiva más ingenua pero también más caótica, libre y lúdica sin contaminación de contextos o referencias previas. De acuerdo a este autor, al aprender a habitar la casa, también aprendemos a habitar nuestro interior, nuestra mente, esa casa que evocamos, está realmente en nosotros, de allí que seamos complejos, que nuestra práctica profesional vaya más allá que una simple preferencia o un oficio. De allí que entre nosotros nos entendamos al menos en cierto nivel. Porque todos tenemos en la mente esa “casa soñada” que no hemos construido aún, la habitamos en nuestra mente y esa casa no tiene los defectos de la casa real, pertenece a un mundo soñado y permanece en nosotros hasta nuestra muerte. Nunca renunciamos a ella.

Las imágenes en la psique, son un proceso de la imaginación que opera como si cada imagen tuviera vida propia, que cuesta ser descrito a no ser a través de las imágenes mismas. De allí que diseñar sea un proceso visual tan complejo. Pero también hay otras imágenes dispersas en los espacios de una casa: la cocina, por ejemplo contiene olores y vapores, este espacio tiene una vida diferente que las silenciosas habitaciones. La casa puede ser un lugar que no se termina de explorar jamás que va más allá de su espacio físico. Porque la imaginación es difícil de contener, de poder materializarla para que abarque un espacio. Para Bachelard la magia de la intimidad yace en los cajones, cofres y armarios. Aquellos espacios donde se guardan cosas, objetos que nos producen deseos de mirar y descubrir y todos los objetos que se encuentren dentro, pueden contar historias: son portales a los secretos.

La casa es entonces un territorio definido por la extensión de nosotros y lo que buscamos como una especie de refugio, nuestro nido. Un espacio que nos aporta seguridad y nos separa del exterior.

«El ser es por turnos condensación que se dispersa estallando y dispersión que refluye hacia un centro. Lo de fuera y lo de dentro son, los dos, íntimos; están prontos a invertirse, a trocar su hostilidad».

3 / 02/ 2023